Si quieres, puedes abandonarme como ya lo hicieron todos. Como los perros que no se lo merecen, en una gasolinera.
Dejame allí y yo te miraré con cara de pena y diga: "El no lo haría".
Si quieres abandoname, dejandome la vida vacía, sin vida, sin sangre ni corazón que tener rojo. Dejame en mi absoluta soledad, la que me está consumiendo, la que se consume mis paquetes de tabaco, los mismos que me consumen a mí.
Dejame sola. Abandonada. Herida.
Eso es lo que harás, cuando descubras que soy horrible.
Que soy muy cabezona y que tengo las ideas muy claras, y que nadie conseguirá hacerme cambiar de idea. Que no me gusta la gente, solo me gustan mis amigos, los que, como los perros, son fieles durante toda la vida.
Que me gusta estar tirada en la cama el máximo tiempo posible, y que lloro a escondidas cada día.
Cuando descubras como lloro en todas las películas que veo, aunque no deba. Que odio que la gente solo me llame para contarme sus problemas, y cuando soy yo la que los tiene, no me cojan el teléfono.
Que me encanta despertarme a las dos de la tarde con el Sol de verano calentandome la espalda.
Que cuando llueve el pelo se me riza, y no hay manera de controlarlo.
Que no me gusta arreglarme, ni ponerme guapa, ni pintarme. Que me gustan las personas por dentro, no por fuera, y que me gusta el rock.
Que ya no me gustan las grandes ciudades, aunque si me gusten para pasear sola por ellas, hablar con la gente, la desconocida, la única a la que se le puede contar tus problemas, porque no te juzgarán. Que voy a todas las manifestaciones que corresponden a mis ideas. Y no me averguenzo de ello.
Que necesito escribir para vivir, y no necesito nada más.
Dejame abandonada, porque aprenderé a sobrevivir sin ti.
Pero nunca podré morir si no es a tu lado.
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¿Tienes el corazón rojo?